lunes, 18 de mayo de 2009

Excursión a Glendalough

Sábado, 16 de mayo del 2009.

Este sábado tocaba excursión a Glendalugh.

Glendalugh significa “valle de los dos lagos”.

Es una zona rodeada de montañas en el que en el siglo XVI St Kevin fundó un monasterio para poder retirarse a la vida contemplativa. Actualmente pueden verse las edificaciones en ruinas. La zona tiene también grandes explanadas de césped y zonas con árboles, además de un par de ríos en los que el agua baja de forma caudalosa (como no podía ser de otra forma en Irlanda).

El día amaneció lloviendo como todavía no habíamos visto, de forma que nos anunció un día pasado por agua. De todas formas, mientras hacíamos la ruta de autocar para recoger a cada chico e irnos de excursión el tiempo cambio sino no 5 veces poco le falto. Salió el sol, llovió, volvió a salir el sol no sabemos cuantas veces, en cualquier caso un típico día Irlandés en el que puede llover y salir el sol cada 5 minutos.

Como ya era de esperar veníamos preparados, la mayoría traíamos ropa de recambio para poder cambiarnos a la vuelta y así llegar secos a casa y evitar resfriados.

Cuando el autocar nos dejó en el parking situado en el lago inferior salió el sol, con lo que aprovechamos para hacer la foto de grupo que nos hacemos cada sábado y a partir de entonces ya podía llover lo que quisiera, nuestros padres tendrían una buena fotografía en la que estuviéramos presentables.

Después de hacernos la fotografía no dirigimos andando hasta el lago superior, un corto paseo de 20 minutos que nos hizo entrar en calor. La lluvia hizo acto de presencia en un par de ocasiones, por lo abríamos el paraguas y lo volvíamos a guardar.

Una vez llegado al lago superior observamos que la zona estaba llena de posibilidades y nos fuimos dispersando por grupos según las aficiones de cada uno. Unos cuantos salieron a explorar el terreno, otros nos entretuvimos tirando piedras al agua, algunos se subieron a los árboles haciendo alarde de sus habilidades, en definitiva en pocos minutos ya estábamos bien separados pero con un punto de encuentro bien definido, que era lo importante. Una hora y media después, aproximadamente nos volvimos a reunir, era la hora de la comida y ya se sabe cuando el estómago aprieta no hay nada que nos distraiga.

Comimos el “lunch” y después mientras un grupo salía con Ángel Gómez a rodear el lago por un camino lateral otros jugábamos con el balón mientras un tercer grupo, cobijado debajo de un árbol “pegaba la hebra” como se dice castizamente. Mientras, el tiempo no nos daba tregua, llovía y salía el sol a intervalos irregulares de forma que los que jugábamos al balón nos íbamos refugiando de vez en cuando con los que estaban debajo del árbol.

Pero llegó un momento en el que ya no sabíamos si llovía o no, estábamos tan mojados que la lluvia dejó de molestarnos, no por que dejara de llover sino porque el agua ya no nos afectaba. Fue entonces cuando nos juntamos todos y empezamos a jugar a béisbol con el balón de fútbol. Las reglas del juego son las mismas que el béisbol pero el vez de un bate se utiliza el pie y la pelota que hay que batear se sustituye por un balón de fútbol que hay que chutar lo más lejos posible. Los equipos se hicieron muy igualados, prueba de ello lo testimonia el ajustado del resultado en el que el equipo ganador se impuso por tan solo un para de carreras más. Así estuvimos jugando hasta que fue hora de irse hacia el autobús, no sin antes pasar por una caseta donde vendían chocolate caliente y patatas fritas. Allí nos recuperamos un poco del frío que por la lluvia nos había cogido y llegamos al autobús donde pudimos cambiarnos de ropa y una vez secos emprender el camino de regreso a casa.

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