domingo, 24 de mayo de 2009

National Aquatic Centre

Sábado, 23 de mayo del 2009

Un sábado más recogemos a todos los chicos en el autobús para subir a Roocbrock y tener las clases de inglés que nos preparan para el examen de finales de trimestre. Los nervios son cada vez más notables, unos cuantos ya preguntan “pero el examen es difícil?”. También se van haciendo los trabajos que tendrán que entregar en el momento del examen, algunos lo tienen casi terminado, lo enseñan al profesor para que les diga y el resultado es casi siempre el mismo “perfect”. No podía ser de otro modo.

Durante el descanso que hay entre las dos clases salimos a jugar un poco con el balón, el dia acompaña ya que ha salido el sol, que tanto deseamos por que llevamos unos días en los que la lluvia intermitente no nos da tiempo casi ni a secarnos.

A las doce y media, terminadas las clases cogemos el autocar y nos lleva al Nacional Aquatic Centre, otro día muy esperado por todos.

Hoy va a costar salir de la actividad por lo que Ángel Gómez, haciendo uso de su experiencia, no cita en el autocar de vuelta 10 minutos antes de la hora de salida.

Nos hacemos la fotografía semanal para la portada de la web y entramos. Nos cambiamos, no ponemos el gorro de baño obligatorio y a “zambullirnos” en las piscinas.

Destacan en todo el complejo los toboganes, uno de ellos es tan impresionante que te tiras por él sabiendo que es seguro por que ves a los niños de pocos años tirase por ellos, de o contrario te lo pensarías dos veces. Es un tubo en el que entras, te tiras, y después de una sensación de velocidad de vértigo, sales otra vez de él pensando “!que pasada, pensaba que me daba algo¡”, pero vuelves a subir para repetir la experiencia.

También hay un tobogán en el que te sientas sobre un neumático grande i te dejas caer, dando vueltas y con un poco de suerte mirando al frente, pero es más impresionante si lo haces de espaldas, la última rampa en espectacular.

Luego la piscina, en la que en algunos momentos provocan olas como las que hay en el mar, pero claro los que nos hemos bañado en un mar de verdad nos damos cuenta que esas olas, son “pequeñitas”.

Otra de las atracciones es la corriente de agua, cuando te dejas llevar te arrastra como si estuvieras en un río. La sensación es agradable y si procuras nadar contra corriente puedes estar horas sin moverte del sitio.

Llega la hora de marcharse “una última” piden todos, pero el reloj no perdona y sabemos que Ángel, con su infinita paciencia, nos esta esperando. Nos vamos cambiando pero claro se nos ha hecho tarde y vemos aparecer a Ángel que entra a reclamarnos.

Estamos un poco cansados, ya que no hemos descansado ni mientras hacíamos cola para tirarnos por los toboganes.

“¿Que haremos el próximo sábado?” es la pregunta que siempre, mientras volvemos a casa nos hacemos. Ya veremos pero seguro que será divertido. Termina otra semana, esto vuela.

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